En el peor momento de su relación con la Casa Blanca, Nayib Bukele se abraza al ex embajador de Donald Trump en El Salvador

En el peor momento de su relación con la Casa Blanca, Nayib Bukele se abraza al ex embajador de Donald Trump en El Salvador
En el peor momento de su relación con la Casa Blanca, Nayib Bukele se abraza al ex embajador de Donald Trump en El Salvador

Ronald Johnson apoyó la gestión del presidente salvadoreño cuando comenzaba a revelar sus rasgos autoritarios. Hoy, desde la Florida, le sigue haciendo guiños cuando Joe Biden ya lo puso en su lista

En el peor momento de su relación con la Casa Blanca, Nayib Bukele se abraza al ex embajador de Donald Trump en El Salvador

El ex embajador Johnson y su esposa Alina colgaron su saludo navideño en Twitter poco antes de que terminara Nochebuena. En inglés, él deseaba una noche de paz y ella, en español, hacía extensivo el saludo a los amigos de El Salvador. Así dice la leyenda que acompaña el tuit: “Feliz navidad a la primera familia y a todos nuestros amigos…”

Los Johnson escribieron su tuit en respuesta a otro, colgado en la cuenta oficial de la Casa Presidencial de El Salvador, que muestra una foto del presidente Nayib Bukele, su esposa Gabriela y su pequeña hija Layla en el acto de encendido del árbol navideño en los patios de la casa de gobierno.

En su réplica a la respuesta de Johnson, Bukele aprovechó para hacer algo que ya es usual en su cuenta de Twitter, su principal forma de comunicación política: lanzar dardos a la administración del presidente Joe Biden en Washington. “Tiempos aquellos cuando los embajadores eran enviados para fortalecer las relaciones entre las naciones”, escribió Bukele en un aparente dejo de nostalgia.

Johnson, confirmado como embajador en El Salvador en junio de 2019 por el senado republicano, fue un enviado personal del entonces presidente Donald Trump. Un funcionario del Departamento de Estado consultado en Washington y un diplomático que estuvo destacado en El Salvador aseguraron a Infobae que Johnson llegó a San Salvador con una doble misión: mantener a Bukele cerca de la órbita trumpista que regía en Estados Unidos y, en paralelo, alejar al salvadoreño de los chinos, con quienes había estado coqueteando desde que fue elegido presidente a principios de 2019.

Hasta enero de 2021 -la salida de Johnson de El Salvador fue anunciada el 20 de ese mes, el mismo día de la toma de posesión de Biden como presidente-, el embajador de Trump fue eso, un valedor de Bukele, incluso cuando el joven presidente salvadoreño se había embarcado ya en su guion autoritario, uno de cuyos primeros capítulos fue la toma a la fuerza y militarización de la Asamblea Legislativa el 9 de febrero de 2020 para exigir la aprobación de un préstamo.

Buena parte de la comunidad internacional condenó aquello; el embajador Johnson apenas alcanzó a pedir a Bukele y a los diputados de oposición que utilizaran el diálogo para resolver sus diferencias. Nunca hubo, del enviado de Washington, condena por la incursión militar que comandó Bukele.

Una de las principales acciones políticas de Johnson para apoyar a Bukele ocurrió el 24 de septiembre de 2020. Ese día, el embajador flanqueó al presidente durante una conferencia de prensa transmitida en cadena nacional durante la cual Bukele arremetió contra la prensa salvadoreña, dijo que su gobierno investigaba al periódico independiente El Faro por lavado de dinero sin presentar pruebas y atacó a la Universidad Centroamericana, una de las principales voces de oposición al gobierno.

La presencia de Johnson durante la diatriba de Bukele no era un gesto menor; era un espaldarazo en toda regla. Un día antes de aquella conferencia, seis congresistas republicanos habían enviado una carta a Bukele en la que mostraban preocupación por las negociaciones entre su gobierno y las pandillas MS13 y Barrio 18, que entonces ya había reportado El Faro y que en los dos últimos meses ha sido confirmada incluso por autoridades judiciales estadounidenses. Uno de los firmantes de aquella misiva fue Mario Díaz-Balart, un republicano de línea dura, cercano a Trump.

En octubre de 2020, una periodista salvadoreña preguntó a Mari Carmen Aponte, embajadora estadounidense en San Salvador entre 2012 y 2015, por las acciones y silencios de Johnson. Aponte los atribuyó a las líneas que el embajador recibió de la Casa Blanca antes de ir a El Salvador: “Los embajadores tenemos instrucciones… Tenemos la obligación constitucional de representar al presidente de los Estados Unidos… Creo que hay límites para el presidente Trump, que tienen que ver con la migración indocumentada, sí, mientras El Salvador, Honduras, Guatemala, México controlen esa migración, entonces no vemos ni oímos”, dijo Aponte.

Tras su salida, Johnson volvió a Florida y, de acuerdo con el funcionario del Departamento de Estado consultado y un asesor del gobierno estadounidense que conoce de cerca al gobierno de Bukele y las investigaciones que una fuerza de tarea ha emprendido contra funcionarios salvadoreños por el pacto con las pandillas, se ha mantenido cerca del presidente salvadoreño en una calidad de consultor ad-honorem.

Un embajador, un operador de inteligencia, un amigo, una cena con langostas

Ronald Douglas Johnson ha sido un hombre influyente en el Comando Sur de los Estados Unidos (SouthCom en inglés), estacionado en Florida, y el principal nexo del estamento militar estadounidense con América Latina.

Johnson se retiró con honores del ejército con el grado de coronel en 1998 y, desde el retiro, se convirtió en uno de los principales nexos del SouthCom con la comunidad de inteligencia en Washington. Fue, de hecho, agente de la Agencia Central de Inteligencia (CIA en inglés), desde donde sirvió como vínculo entre la agencia y el estamento militar.

“Su extensa experiencia… profundo entendimiento de las prioridades de Estados Unidos, y la habilidad que ha demostrado para trabajar de forma efectiva en una serie compleja de temas en el ambiente de varias agencias (del gobierno estadounidense) lo hacen un candidato excelente para servir como embajador en El Salvador”, dice una nota que el Departamento de Estado de Trump preparó para el senado en mayo de 2019, en las semanas previas a la confirmación de Johnson como enviado a San Salvador.

Un funcionario salvadoreño que trabajó para el Ministerio de Relaciones Exteriores aseguró a Infobae que la misión con la que Johnson llegó a El Salvador fue alejar a Bukele de la sombra de Pekín. “Ya el presidente había causado incomodidad con su viaje a China”, dice el diplomático en referencia a la visita que el salvadoreño hizo en diciembre de 2019 a Pekín y que, al decir de media docena de funcionarios consultados en Washington, fue lo que agrió la relación entre Bukele y Jean Manes, quien entonces servía como embajadora en San Salvador.

Manes, de hecho, entendió el acercamiento de Bukele a China como una especie de traición, sobre todo luego de que había sido ella, luego de que el salvadoreño fue electo presidente a inicios de 2019, quien le abrió las puertas de Washington.

Desde que llegó hasta el final de su estadía, Johnson dejó clara su agenda anti-China. “Lo único que China encuentra que les interesa aquí en El Salvador es que es una forma de provocar a Estados Unidos y volverse irritante”, dijo a periodistas durante una sesión en octubre de aquel año.

Bukele bailó ese son y cumplió con la otra exigencia del trumpismo, que, como apuntó la exembajadora Aponte, tenía que ver con seguir las instrucciones de Washington en el tema migratorio. El gobierno salvadoreño incluso había lanzado en septiembre de 2019 una patrulla fronteriza, cuya vida fue más bien fugaz.

Tres días antes de la Nochebuena de 2019, una foto, también colgada en Twitter, hablaba de una relación íntima. Es la imagen de Bukele y Johnson sonrientes frente a una mesa llena de platos con patas de cangrejo en Miami.

La complicidad entre el presidente y el embajador no hacía más que estrecharse. A la presencia validadora del enviado estadounidense en la conferencia en que Bukele se declaró enemigo de la prensa independiente y al silencio cómplice de Johnson tras la toma del Congreso, siguió, en noviembre de 2020, el asunto de un tuit en que el diplomático criticó a diputados opositores a Bukele de embarcarse en “juegos” tras una decisión legislativa contraria al presidente. Johnson, luego, borró el tuit y renegó de lo escrito.

La relación era tan profunda que, según confirmaron a Infobae dos diplomáticos estadounidenses que sirvieron en El Salvador y asesoraron la campaña de Joe Biden para la presidencia en 2020, Johnson incluso ignoró información sobre el pacto entre Bukele y las pandillas MS13 y Barrio 18 que funcionarios de la embajada en San Salvador empezaban a descubrir y de la cual informaban con regularidad.

Funcionarios estadounidenses adscritos al Departamento de Estado y al Departamento de Justicia que servían en la embajada en San Salvador en 2020 apoyaron a la Fiscalía General salvadoreña, que entonces dirigía el abogado Raúl Melara, en la investigación del pacto entre el gobierno y las pandillas. Como parte de su trabajo informaban a Johnson y a Washington de sus hallazgos, según confirmó uno de los asesores de campaña de Biden.

No fue hasta la salida de Johnson, a principios de 2021, que la investigación tomó vuelo y que buena parte de los datos documentados y pruebas recogidas en 2020 pasaron a alimentar la investigación de una fuerza especial de tarea estadounidense llamada Vulcano. A la postre, esa investigación, que el embajador Johnson había ignorado, terminó en manos del Distrito Sur de Nueva York del Departamento de Justicia, que ya anunció una acusación criminal a los funcionarios de Bukele directamente involucrados en el pacto.

A la salida de Johnson, el Departamento de Estado de Biden envió de nuevo a Jean Manes, como encargada de negocios, a lidiar con Bukele. El asunto no terminó bien. Manes se retiró de San Salvador a finales de 2021 anunciando que la relación con Washington estaba seriamente dañada y que el presidente salvadoreño no tenía interés alguno en trabajar con Estados Unidos. Bukele y su aparato de propaganda respondieron acusando a Manes y a otros funcionarios de Biden de injerencia e incluso acusaron a Washington de financiar a los opositores políticos del gobierno.

Mientras el vínculo entre San Salvador y la Casa Blanca tocaba el punto más bajo en la historia de la relación bilateral, la buena vibra entre Nayib Bukele y el exembajador Ronald Johnson continúa. Al decir del funcionario del Departamento de Estado consultado para esta nota, y quien habló desde el anonimato por no estar autorizado a hacerlo en público, no es solo el tuit navideño el que genera la nostalgia de Bukele; hay, asegura el oficial estadounidense, una añoranza por la vuelta de los días del trumpismo. Un funcionario salvadoreño que trabaja en el Ejecutivo de Bukele está de acuerdo: “Hay un montón de gente, de los círculos republicanos, vendiéndoles, no solo al presidente de El Salvador, sino también a políticos en Guatemala, que Trump se prepara para volver y que, si pasa, las cosas cambiarán”.

Cálculos políticos aparte, no hay augurios de un próspero 2022 entre Bukele y la Casa Blanca de Joe Biden.

 

En el peor momento de su relación con la Casa Blanca, Nayib Bukele se abraza al ex embajador de Donald Trump en El Salvador
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